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¿Cómo influye la percepción del color en la compra?

¿Cómo influye la percepción del color en la compra? Es de todos sabidos que el color es un elemento importante a la hora de vender. Sabemos que es un factor importante a tener en cuenta tanto en la percepción y en la conducta humana.

El color por sí mismo no está en aquellos que vemos sino en la luz que es siempre blanca. Cuando la luz viaja, no son más que ondas. Estas ondas tienen la capacidad de descomponerse en siete colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil ( azul oscuro) y violeta. Por su impacto, los tres primeros se denominan cálidos, el verde es considerado como intermedio y los últimos tres son catalogados como fríos.

¿Cómo nos afecta a la hora de comprar, o elegir un servicio?

Cuando nos proponemos a diseñar nuestra web, pensamos en el diseño, en SEO, sin embargo no paramos a definir sus colores por el público que nos comprará sino por los colores que nos identifican y quizás hasta nos defina. Pensamos en la optimización de la página, de la marca, del producto … Pero ¿pensamos realmente si optimizamos para que resulte equilibrado e irresistible?

¿Te has parado a pensar alguna vez si los colores elegidos, la disposición de los conceptos, diseños, fotografías etc  está presentes de forma coherente y en función de algo tan importante como el color?

Imagen: Comarka comuniación.

Es necesario entender que el diseño de una página web, no debe ser sólo pensado para gustarte a ti, sino que debe ser diseñada para guiar a tu cliente a aquello que quieres provocar: compras, emociones, etc. El color es fundamental y es un facilitador importantísimo en la creación de emociones, estados de ánimos y por ende una actitud de compra favorable a la compra.

Hay además algo muy curioso, los colores si entienden de género. Y no por ver más o menos, sino por como se perciben. Las mujeres perciben más tonalidades que los hombres. Algo a tener en cuenta si vamops a realizar un desarrollo creativo a un público femenino o masculino.

 

 

Dar y Recibir, las bases de una relación duradera

Las personas, como en la vida, nos las podemos encontrar de todo tipo. Por mi experiencia profesional y vital tengo una teoría que quizás arroje luz sobre las relaciones humanas.

Yo creo que nos podemos encontrar con dos tipos de personas principalmente, las “Dadoras” y “Recibidoras”.

Personas Dadoras:

Este tipo de personas, suelen tener una mejor opinión de los demás. Esto no significa que sean más influenciables o se dejen llevar más por los demás, sino que son más sensibles a las necesidades de los otros. Son más altruistas, y manifiestan una gran sensibilidad con y por los demás. Suelen ser personas empáticas, afectuosas y se preocupan por el sufrimiento ajeno.

Son personas que dan a los demás por regla general. No les cuesta ser generoso en cualquier aspecto de su vida. Y así entienden que deben ser las relaciones. Son confiables, sinceros, con una actitud conciliadora y con gran sensibilidad hacia los demás. Dan sin esperar, aunque cuando les toca recibir, son exigentes con ello, pero no logran comprender que quizás la persona a la que le exige no es dadora sino recibidora. Ahí estriba el conflicto.

La principal dificultad que entraña esta entrega, es la carga emocional y psicológica que arrastran estas personas con cada una de estas situaciones. Les genera gran frustración y ansiedad el no sentirse “compensados” por la entrega propia. No logran comprender que quizás la persona a las que les entregan toda su confianza son del tipo dadores, y hace que sean incapaces de entender la relación tal y como ellos la entienden.

Personas Recibidoras:

Las personas recibidoras tienen que ver con muchos conceptos que escuchamos cada día. El amor propio, el egoísmo, el narcisismo etc. Creo que no es ni uno ni otro. Pues las personas recibidoras no tienen por qué sufrir de ningún tipo de trastorno mental o psicológico.

La diferencia entre el amor propio y el egoísmo es que mientras el primero es el sentimiento de respeto por uno mismo, que no puede ceder su propio espacio, el segundo es la pretensión de utilizar a los otros para su propio beneficio, manipulándolos como objetos.

Las personas recibidoras no entienden que tengan que relacionarse con sus iguales de una forma diferente a ellas mismas. Ellos están dispuestos a recibir de los demás, aunque no entienden el compromiso desde el mismo punto de vista que los dadores. Ellos dan, sí, sin embargo de una forma radicalmente diferente a los anteriores. Es decir, dan con la certeza que tarde o temprano se les devolverá, y si no fuera así se lo cobrarán. No son personas confiadas, ni si quiera se entregan en la misma medida que los recibidores.

Suelen presentarse como personas con poca implicación emocional en según qué situaciones. Y parecen más frías aunque no tiene por qué ser así habitualmente.

 

Espero haber arrojado luz sobre como las algunas veces las relaciones de amistad se rompen sin entender por qué. Quizás comprender como funcionan ambos tipos de personas pueda ser clarificador y con ello poder empatizar mejor.

¿Miedo a Hablar en Público?

Hay momentos en la vida que nos toca hablar en público. Los nervios antes de salir a comunicar aquello que hemos preparado, sea en una entrevista de trabajo, en clase, en un discurso o incluso en una conferencia. Es más habitual de lo que parece.
Para muchas personas, esta situación se convierte en situación horrible, donde la ansiedad y la angustia crean una atmósfera que a veces se antoja insuperable. Es lo que llamamos glosofobia, o miedo a hablar en público.

Este miedo puede ir desde un ligero nerviosismo a una experiencia paralizante y de pánico. Desde una sudoración excesiva en las palmas de las manos, hasta perdida de visión incluso llegar al desmayo. Hay varias claves que los expertos en comunicación aconsejamos a quién no se sienten capaz de enfrentarse al miedo de hablar en público.

1. Hay que conocer y llevar preparado el tema del que vas a hablar: cuanto mejor llevemos preparado aquello de lo que vamos a habalr más seguridad obtendrás en ti mismo. Habrá menos posibilidades de equivocación o perder el hilo. A mayor organización, menor será el estrés por exposición.

2. Práctica una y otra vez: practica tu presentación completa varias veces. Hazlo para unos amigos con los que te sientas cómodo y pídeles que te den su opinión. También puedes grabarte con una vídeo-cámara y ver cómo puedes mejorar.

3. Visualiza tu éxito: imagina que tu presentación irá bien. Los pensamientos positivos pueden disminuir parte de tu visión negativa sobre tu actuación social y liberar algo de ansiedad. Prueba con la respiración profunda: ayuda a aportar calma a la situación. Toma una o dos respiraciones lentas y profundas antes de situarte en el lugar de exposición y durante el discurso.

4. Céntrate en tu material y no en la audiencia: las personas suelen prestar atención a la información nueva y no a cómo se presenta. Tu público puede no notar tu nerviosismo pero si lo hace puede incluso simpatizar contigo y ayudarte a que tu presentación sea un éxito.Mira por encima de las cabezas, ayuda a centrarte en un punto de mira y no percibirás las miradas del público.

5. No temas la existencia de silencios: si te pierdes en medio del discuro, no pierdas la calma, y sientes que no puedes volver al discurso, es mejor comentarlo al público que fustigarte con pensamientos negativos.  Realiza una respiración profunda, coge el vaso de agua y bebe, eso te calmará.

6. Reconocimiento del éxito: una vez hayas terminado, no caigas en la trampa de la crítica después de tu discurso o presentación, felicítate porque aunque no te haya salido como tú esperabas, seguro que eres más crítico contigo mismo que aquellos que te han escuchado. Todo el mundo se equivoca durante los discursos o presentaciones. Los errores pueden además proporcionarte pistas sobre cuáles son tus puntos a mejorar.

Os dejo un vídeo de una compañera que os será de gran utilidad.