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Ser padres ¿cómo se hace?

Siempre recuerdo la frase de mi padre que me decía de pequeña, “cuando seas padre comerás huevo”. Y ahora que soy madre no lo puedo tener más claro.

Los que somos padres, sabemos que no hay un manual de instrucciones acorde a cada niño, ni a cada familia. Sin embargo hay muchos puntos en común que los padres deberían de conocer.

Este será el primer artículo de muchos donde iré dando pautas para comprender mejor a nuestros hijos y ayudarles a crecer felices y seguros de ellos mismos.

Cuando los niños son recién nacidos, lloran como medio para poder comunicarse con su medio. No saben hablar todavía y por ello que es la única herramienta eficaz para conseguir que sus necesidades básicas estén cubiertas.

A medida que van creciendo los niños van obteniendo más herramientas para poder comunicarse con el mundo que les rodea, como el habla, la comunicación no verbal, etc. Si un niño aprende a pedir todo llorando, y con ello crea un hábito, ¿qué deben de hacer sus padres? Lo primero no castigar la conducta de llanto. Pues el llanto no sólo se utiliza como forma de llamar la atención y en algunos casos lograr desquiciar a los padres. Sino como mecanismo para expresar su mundo emocional. Por ello lo más eficaz es hacerle comprender que llorando no conseguirá aquello que reclama.

Es verdaderamente importante que el niño comprenda que cuando llora por obtener algo, no obtendrá la atención que reclama. Explicarle y reforzar un diálogo (al nivel de la edad que tenga), que si habla como un niñ@ y aprende a dialogar, no sólo estaremos reforzando la extinción de una conducta sino que le estaremos dado herramientas muy importantes para su desarrollo posterior, como es el fomento de atención, la escucha, la negociación etc.

En algunas ocasiones los niños llegan a ser capaces de pedirle a sus padres aquello que necesitan de una forma correcta. Sin emabargo la realidad es muy diferente, muchos padres se encuentran cansados, o estresados o ocupados o con el móvil o la tablet. Es entonces cuando los niños pueden reaccionar con rabietas y llantos incontrolados. Los niños reaccionan ante la falta de atención de sus progenitores de forma desmedida, para un adulto. El adulto muchas veces no es consciente que su reacción quizás no sea la adecuada. No atender por estar estresado o cansado no es razón lógica para un niño. Por ello si no se le puede atender, siempre hay que darle una respuesta que tranquilice al niño pero que realmente se pueda realizar. Es decir, en la respuesta debe de haber una razón por la que no atendemos al niño, y por otro lado cuando podremos atenderle. Por ejemplo: “ahora mamá no puede estar contigo porque estoy haciendo una llamada, pero cuando termine me siento contigo y me dices que necesitas”.

Porque en los tiempos que vivimos donde la inmediatez es una características en nuestras relaciones, hay que aprender primero nosotros y después los niños que no todo se puede tener cuando queremos y de la forma queremos.

Imagen de Jill Greenberg.