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Heridas del pasado

En la vida, nos encontramos con situaciones dolorosas, y que algunas veces se tornan una locura por la incomprensión que produce no entender qué está pasando. Todos nos hemos sentido heridos en algún momento de nuestra vida, todos hemos sufrido una gran decepción, en el amor, con los amigos, con la familia. El dolor emocional es difícil de comprender porque vivimos en una sociedad donde se nos niega el sufrimiento y donde la realidad es la motivación del más fuerte, el refuerzo de lo supuestamente sano, y eso no es el sufrimiento.

Las heridas del pasado, no hay que negarlas, hay que aprender de ellas. ¿pero cómo se sale de ese estado de desasosiego? ¿Cómo se supera una ruptura o una decepción?

En pocas palabras, ¿Cómo dejar de lado las heridas del pasado y seguir hacia delante? 

Hay una palabra que aprendemos desde que somos pequeños y es la CULPA. Quizás deberíamos de aprender que ese sentimiento es destructivo y va minando nuestra pisque, a medida que ella crece. ¿Qué más da que culpemos a los demás de nuestros males o a nosotros mismos?, mucho, es una forma de violencia pasiva que nos hace mantenernos en conflicto.

Culpar a los demás por el dolor que estamos pasando, es lo que la mayoría de nosotros hacemos. Alguien nos hizo algo malo, o nos ofendieron de alguna manera que nos importaba. Queremos que se disculpen. Queremos que ellos reconozcan que lo que hicieron estuvo mal. Ese sentimiento de reconocimiento de culpa de los demás, nos hará libre, que equivocados estamos. LA RESPOSANBILIDAD nos hará libre. En una ruptura sea del tipo que sea cada uno de nosotros tenemos parte de responsabilidad, búscala, analízala y después perdónate. Porque lo que no sucedió, no sucederá. La aceptación es un camino difícil, nadie dijo que fuera fácil, sin embargo es el primer paso para poder recuperar la integridad y con ello la alegría de seguir viviendo.

El mundo emocional es complicado para algunas personas, pues se llevan toda la vida negando la existencia del mismo, o aún peor, niegan la realidad de sus sentimientos. Todos ellos son importantes, la tristeza la ira, el enfado, la alegría todos ellos son variables de un mismo continuo. Y tenemos la obligación de conocer ese mundo para poder adaptarnos mejor a a la vida que nos toca vivir.

Hay personas que se centran exclusivamente en la queja, y hay otras que se centran en exclusivamente en la alegría, tanto uno como otro son actitudes extremas. No trates de negar tus emociones, hay que aceptarlas y aprender a gestionarlas. Para superar las heridas que vamos teniendo en la vida hay que aceptar ese continuo emocional. Nos han enseñado a vivir en la dicotomía, lo bueno y lo malo, la tristeza y la alegría, etc. hay que aprender cómo es nuestro mundo emocional, con lo bueno y con lo malo. Todas las emociones nos ayudan adaptarnos al medio, a sobrevivir, a detectar lo que nos hace daño, lo que nos hiere. Las emociones nos dan la clave para poder cambiar el rumbo de nuestra vida.

Cada sentimiento que tengas es legítimo, no lo niegues, es tuyo. Es importante que aprendas a analizar qué significa y por qué está ahí. Acumular quejas de forma indefinida es un mal hábito, porque te duele más de lo que les duele a ellos.

Las personas que se aferran a estas heridas del pasado, a menudo, reviven el dolor una y otra vez. A veces, una persona puede incluso conseguir sentirse “atrapado” en este dolor y en esta culpa.

¿Cómo se curan entonces las heridas que se han producido en el pasado?

  • Hay que soltar lastre, soltar la ira, soltar la tristeza. Es muy difícil que vuelvas a sentir la alegría, si antes no dejas el rencor y dolor producido por el daño que te hicieron. Déjalo ir, si es por amor, si esa persona no quiere formar parte de tu vida en ninguna de las formas posibles, ¿para qué seguir recordándole? ¿para qué más poemas de amor? ¿para qué más llantos? ¿para qué escuchar más canciones de amor? ¿para qué esperar?. Nunca volverán aquellos momentos vividos. Alégrate por haberlos vivido y sigue hacia delante. Suelta el lastre del dolor y la culpa. Nadie es culpable, las relaciones no salen muchas veces como soñamos, es parte de la vida, aceptar la frustración es difícil pero no imposible.
  • Aprender a exteriorizar nuestro dolor, esos sentimientos que parecen que nos ahogan. Saber expresar a una persona de confianza cómo te sientes, tus deseos, tus pensamientos, como enfocar el futuro, aceptando el dolor y la ausencia, es reparador. Quizás escribir, y volver a leer lo que has escrito te ayuda a ser consciente del dolor. Comenzar a analizar tus sentimientos y por qué están. Aceptarlos y lo más importante, ayudarte a sanar ese dolor y poder cerrar la puerta, y pasar a abrir otra hacia el futuro. Poco a poco perdonarás, y la herida irá cicatrizando. Será entonces cuando hayas pasado de ser una persona culpabilizadora a una persona responsable de tus propias emociones.
  • Conforme vamos siendo responsables, vamos dejando atrás términos como la culpabilidad, la tristeza, la ira o el rencor y comienza el presente. El aquí y el ahora. Duele dejar ir a quién crees que amas, a ese amigo que te ha defraudado, cuesta soltar la eterna pregunta del ¿Por qué? No hay por qué, hay un presente que hay que vivir, deja pasar lo que duele, no te aferres a ello como si fuera lo único que tienes. Sal fuera y mira a tu alrededor. El pasado no se puede cambiar, pero si puedes trabajar para que el futuro sea brillante. Como tú quieras que sea. No es malo mirar al pasado, pero sólo eso, mirarlo para saber identificar qué no quieres que vuelva a ocurrir. Quizás saber identificar a las personas que no quieres que formen parte de tu futuro, y darte cuenta que lo que tiene que llegar seguramente será mejor. Lo mejor siempre está por llegar, lucha por ello.
  • El perdón. Es lo más importante dentro del proceso de avance y evolución de nuestro ser. Aprender a perdonar, no es más que cortar las asas de la mochila que nos hace ir encorvados por la vida. Corta las asas, y deja desplegar tus alas. Te hará libre perdonar. Sentirás que no debes nada y nadie te debe nada, dejarás espacio para nuevas emociones y nuevas situaciones que te llenaran de otra forma.
  • No es debilidad perdonar, sino fortaleza. Cuando perdonas aprendes a caminar en los zapatos del otro, de aquel que te hizo daño. La empatía hace que puedas comprender mejor el mundo que te rodea. Recuerda, cada conducta de cualquier ser humano tiene una razón lógica detrás. Eso es lo que hacemos los psicólogos analizar esas conductas y valorar si son adaptativas o no. Si consideras que esa persona se comportó mal contigo, ¿No crees que comportarte de igual forma, irá en contra de quién eres?

No cambies tu esencia. A menudo me encuentro en la consulta a personas que están en un sin vivir continuo, con palabras que le rodean como la culpa, el odio, etc. Van en contra de su esencia. Si tú te consideras una persona que ha sufrido porque otra le ha hecho daño, no le pagues con la misma moneda si esa no es tu naturaleza, sufrirás doblemente. Acepta quién eres, acepta tu mundo emocional, responsabilízate de lo que sientes y de cómo lo sientes, y sigue hacia delante. Eso es la vida, quítate las gafas, y mira con otra mirada la vida. Porque no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Porque algo bueno está por venir, seguro, la vida es un regalo, comienza a verlo y céntrate en lo que hoy tienes, tu presente para construir tu propio futuro, el que tú quieres. El que sueñas tener.